El reposicionamiento de Rusia en las relaciones internacionales del siglo XXI

Por: Gilberto Cornejo

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La Federación Rusa se encuentra bajo los reflectores del escenario internacional. Actualmente, las noticias sobre el país ruso muestran a una Rusia fuerte y lista para retomar el papel que dejó a finales de 1991: sí invadió Ucrania, fue el gran vencedor de los pasados juegos olímpicos de invierno, o sí está remodelando sus sistemas de armamento. Para varias personas, el país se encuentra ante un periodo de fortalecimiento, el cual indudablemente lo llevará a competir con quien fue su enemigo durante la Guerra Fría: Estados Unidos. Sin embargo, no se debe olvidar que las condiciones en la sociedad internacional han cambiado, y ahora se prefiere hablar de la multipolaridad en Relaciones Internacionales. Es por este motivo que es conveniente preguntarse ¿Rusia nos llevará a la bipolaridad una vez más o sólo se encuentra reposicionándose a nivel global?

De la nación de los siervos a la Revolución de Octubre

Para hablar de Rusia es necesario recordar al Imperio Romano de Oriente. A diferencia de su contraparte occidental, la cual se desintegró en el año 476, este duraría unos 1000 años más. Al ser parte principal de la ruta de la seda, el tapón para evitar la entrada del islam a Europa y disminuir sus relaciones con Roma por diferencias religiosas, este imperio se vio obligado a formar una identidad diferente. Cuestiones como la utilización del calendario juliano, a pesar de que este ya no era utilizado en la mayor parte del mundo, sirvieron para este fin. El Estado Eslavo Antiguo (antecesor de Bielorrusia, Ucrania y Rusia) entró al imperio, ocasionando defendiera los mismos ideales y adoptara dichas costumbres.

Otro punto importante del imperio ruso fue su expansionismo. En su origen, el territorio ruso no tenía los 10, 000, 000 km2 de frontera actuales. Su expansión, al igual que cualquier decisión correspondiente a Rusia, era facultad exclusiva del Zar (palabra que denota la influencia del Imperio Romano en el país, pues significa César). Así, bajo el mandato del Gran Príncipe de Moscú, Iván III, comenzó Rusia a expandirse hasta terminar absorbiendo otros territorios con población y cultura diferentes. Su mayor esplendor lo alcanzaría hasta el siglo XIX, cuando el ferrocarril le permitió comunicar a toda la zona.

Ante su inmensidad, la monarquía rusa delegó responsabilidades. El grueso de la población estaba organizada bajo el latifundio, pues la servidumbre no se abolió hasta 1767, bajo el control de Catalina la Grande (es gracias a ella que Rusia consigue tener una flota naval fuerte). A pesar de ser recordada como liberal por haber entablado amistad con filósofos franceses, solo lo fue con los nobles. La densidad de población seguía siendo muy poca, la mortalidad era alta y las hambrunas ayudaron a reducir gran cantidad de rusos en varias ocasiones.

El problema radicó en la otredad imperante entre la monarquía rusa y la población. Para empeorar el cuadro, la primera década del siglo XX fue fatal para la administración zarista. Primero el inmenso país, cuyos gobernantes tenían apodos gloriosos y eran temidos, perdió la guerra contra Japón en 1905, en su intento de conseguir una salida al mar que estuviera en servicio en todo el año (el objetivo de conseguir una salida al mar fue el principal durante todas este periodo); esta situación ocasionó que no sólo los pobladores rusos cuestionaran a sus gobernantes, también puso en duda el poderío del país a nivel internacional.

Complicando las cosas aún más empieza una hambruna, y los recursos como el carbón son utilizados para la maquinaria de guerra, pues se encontraba Europa ante la antesala de la Primera Guerra Mundial. El colmo para la sociedad rusa fue la participación de Rusia en dicho conflicto bélico, pues los ciudadanos rusos no logran comprender porque ellos deben de padecer frío y hambre para costear una guerra en la que no les preguntaron si querían participar. Para legitimar al régimen, el zar Nicolás II decide entrar al combate, dejando a su odiada esposa al mando del país.

La sociedad rusa, sin embargo, ya había tenido suficiente. La idea de un régimen no zarista empezaba a permear en la población de Rusia es obligada a salirse de la conocida Gran Guerra para atender una guerra civil. Lo que parecía una protesta pacífica se radicaliza ante el conflicto de los bolcheviques (el ala más extrema, quienes apuestan a la revolución) y los mencheviques (personas que solo desean una reforma). En ese momento, siendo el año de 1917 estalla la Revolución de Octubre.

De la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas al Fin de la Ilusión

La Revolución de Octubre, motivada por las ideas de Karl Marx y Friedrich Engels, buscaba la participación y el reconocimiento de la clase obrera. Fue así como surgió un Estado bajó el mandato del Partido Comunista, el cual se presentó como la alternativa al modelo político-económico presentado por occidente. A pesar de ser aliados en las dos grandes conflagraciones mundiales, EE.UU. empezó a preocuparse por la URSS y el poder que estaba consiguiendo en la otra parte del mundo.

Es necesario recordar en este punto el prestigio conseguido por el Estado euroasiático, pues además de formar parte de los ganadores de la Segunda Guerra Mundial, fue el primer país en detener el expansionismo alemán y posteriormente el primero en tomar Berlín. Sin embargo, los expertos consideran el precio pagado por los soviéticos en la Gran Guerra Patria (nombre que le dio la URSS a esta guerra) fue un costo humano altísimo, causante de la debacle poblacional actual. Al ver el rápido avance en oriente, EE.UU. decidió combatir a la URSS para convertirse en la única potencia hegemónica.

Durante la segunda mitad del siglo pasado, se explicaron las relaciones internacionales con base en la bipolaridad, originada del conflicto ideológico-político entre EE.UU. y la URSS. Fue así como el mundo se convirtió en el rehén de este conflicto dando escenarios como el de Vietnam, Corea o China con Taiwán. Ambos países se negaban a ceder en cualquier territorio del planeta, pues no querían ver sus intereses dañados. No obstante, la potencia socialista empezó a perder fuerza, primero al distanciarse de su principal aliado, la República Popular China, después al permitir que la corrupción y la centralización excesiva descompusieran su sistema.

Además, el enorme gastó realizado durante la carrera espacial no le dio los resultado esperados, pues a pesar de tomar la delantera al poner el primer satélite en órbita, el Sputnik 1 en 1961, demostrando además tener un lanzador lo suficientemente potente para hacer llegar misiles hasta EE.UU., perdió esta etapa de la Guerra Fría cuando el país americano logró con éxito el primer alunizaje en 1969. No obstante, la URSS continuaría con la exploración espacial, lo que desgastaría aún más la excesivamente centralizada economía.

Una de las últimas cuestiones que ocasionaron la impopularidad del país socialista fue su expansionismo y su aplicación del Pacto de Varsovia. Con relación al primer caso, integró a la Unión por la fuerza a diferentes países, como fue el caso de los del Báltico. Por otra parte, la contraparte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en más de una ocasión agredió a sus países miembros (como Hungría, Checoslovaquia y Polonia). Estas situaciones ocasionaron un sentimiento antisoviético en los países de Europa del Este, llegando incluso a adoptar el modelo occidental capitalistas (aunado al ya existente cuando se dio la colectivización de la tierra).

Estas y otras razones fueron las que orillaron a Gorbachov a lanzar sus reformas Perestroika y Glasnot, cuya última finalidad eran insertar a la URSS al libre mercado. Dichas medidas fueron tan precipitadas e implementadas de forma abrupta, las cuales facilitaron aumentaran el malestar general de la población. El fin de la ilusión se daría en diciembre de 1991, pues las principales partes de las repúblicas socialistas, Bielorrusia, Ucrania y Rusia decidieron crear quince Estados nuevos en lo que alguna vez fue la potencia capaz de contraponerse a los deseos de Washington. El fin del sueño socialista llegaba a su fin., el mundo quedaba organizado bajo el mando de occidente y el mundo capitalista.

Rusia y ¿el regreso a la bipolaridad?

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La política de la recién creada Rusia vivó un periodo trágico. Después del golpe de Estado encabezado por Boris Yeltsin lo convirtió en el gobernante del recién creado Estado. La situación económica era tan mala que Yeltsin empezó una gira por los principales países de occidente para conseguir créditos. Para conseguir créditos, el líder ruso tuvo que hacer concesiones impensables durante la Guerra Fría: disminuyo su armamento estratégico, dejó de contradecir a EE.UU. en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, permitió que la OTAN entrará a su zona de influencia, etcétera. Empero, la administración de Boris fue dramática: el señor era alcohólico y en más de una ocasión se quedó dormido o era incapaz de pronunciar bien las palabras en diferentes organismos internacionales.

Otra cosa que causó choque en la ahora sociedad rusa fue la cuestión de la nueva política exterior. Ahora se basaba en tres paradigmas, contradictorios con los soviéticos. El primero cambio fue repensar la seguridad nacional (los orígenes de las rutas de tráfico de drogas, personas, armas, etcétera.) El segundo punto fue la Doctrina de la Suficiencia Razonable, la cual se basa en resolver los problemas internos antes de tener una presencia desplegada en todo el mundo (parte de su desgaste económico fue el haber participado en demasiadas guerras como Afganistán, Vietnam y Corea, en lugar de solucionar primero sus problemas). Lo más complicado fue el proceso de desideologización, ni EE.UU. ni el capitalismo eran los enemigos, amén de que el comunismo no era la meta.

La sociedad internacional por su parte aprendió varias cosas: la guerra no es el medio para alcanzar los fines; la defensa no se garantiza nada más por medios militares, la seguridad no es individual, sino colectiva; los intereses universales deben de estar sobre los intereses de clase y los países no deben seguir ni a la URSS ni a EE.UU (pues se llegó casi al escenario de la destrucción mutua asegurada). Rusia quedaba humillada no solo ante los ojos de occidente, sino en los de la sociedad rusa.

Putín entró a su primer mandato de 2000 a 2004. Estuvo en la KGB, además de tener presencia en Alemania, estudió derecho y tiene un gran manejo de las relaciones públicas. En ese momento gozaba del favor de los militares y los científicos. Vladimir adopta las nuevas modificaciones de la política exterior rusa, para no permitir que su país siga siendo derrotado en el escenario internacional. Su índice de aprobación estaba en ese momento arriba del 50%. Su segundo periodo (2004-2008) era el último constitucionalmente aceptado. Su objetivo de política exterior consistió en replegarse sobre la zona de influencia (Asia Central), además de recuperar el contacto con los países socialistas.

Haciendo un juego político inteligente, Putín se convierte en Primer Ministro y modifica la Constitución para permitir poder regresar a la presidencia, sin olvidar e cambio de duración de 4 a 6 años para la presidencia. Fue así como el ex KGB llegó a estabilizar una situación desventajosa frente a occidente. Él no niega la transición hacia la democracia en el discurso, sin embargo, pone por encima de todo el interés nacional, que es recuperar el prestigio y la importancia en las relaciones internacionales. No obstante, se aprecian tendencias autoritarias bajo el argumento de la protección del interés nacional.

Las empresas se vuelven a estatizar y el Estado controla la economía. Los empresarios que se beneficiaron durante el periodo de Yeltsin terminan en la cárcel por enriquecerse con los recursos del país. Los rusos consideran a Putin como alguien que quiere renovar al país. Parte de la re-definición del interés nacional pasa por las fronteras. Las reivindicaciones como las de Chechenia son apagadas de forma sumamente violenta. Una vez más, Rusia vuelve a servir de contrapeso a EE.UU. y occidente en los organismos internacionales.

Ahora no busca ser reconocida cómo potencia nuclear, sino energética. Es así como en más de una ocasión ha logrado que la Unión Europea cambie su postura respecto a eventos tan significativos como la intervención en Ucrania, pues el país euroasiático es el principal proveedor de gas del actor supranacional (y en más de una ocasión ha amenazado con cortarles el suministro y subirles los precios). Otra cuestión que le da relevancia a en la sociedad internacional es su participación en el grupo de los BRICS.

Sin embargo, y a pesar del maravilloso desfile del Día de la Victoria, Rusia sufre de malestar social. Entre los movimientos separatistas, la violación de los derechos de los homosexuales y la censura de la libertad de expresión. Sin olvidar, que decidió aliarse otra vez con su socio estratégico, la RP China, con la cual decidió compartir la influencia en Asia Central y le resta importancia en Asía Pacífico. Por ello, no nos encontramos ante una nueva bipolaridad ni el resurgimiento de la Guerra Fría, sólo estamos ante el re-posicionamiento de un país que se rehúsa a perder la influencia y el poder que alguna vez tuvo, y que su mandatario planea recuperar.

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 Información del autor

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GILBERTO CORNEJO ALVAREZ – COLUMNISTA POLIBAR
COLUMNA: OPINIÓN
E-MAIL: GILBERTOCORNEJOALVAREZ@OUTLOOK.COM

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