Diplomacia del deshielo

Por Jennifer Pérez Olivera

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Desde la crisis de Crimea, Estados Unidos y Rusia han consentido un notable distanciamiento. Tal fue la enemistad, que muchos analistas especulaban con futuras tensiones y un posible contexto de nueva guerra fría. La crisis separatista en Ucrania, ocasionada por el intento de Asociación y firma del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, puso en relieve la división fuertemente marcada entre la sociedad ucraniana en un sector nacionalista pro europeo y otro sector pro ruso. Dichas tensiones se intensificaron cuando Rusia decidió apoyar dichas protestas prorrusas otorgándoles armamento, violando así, el principio de no intervención del Derecho Internacional. Derecho que Rusia siempre defendió ante las incursiones estadounidenses en Medio Oriente. Posteriormente la anexión de Crimea provocó un clímax en la escalada del conflicto generando sanciones desde ambos lados. Tanto la Unión Europea como Estados Unidos alegaban que no se podía permitir el comportamiento de Rusia interviniendo en el conflicto separatista de ucrania para su propio beneficio. Sin embargo Rusia tiene una visión diferente de los hechos ya que para ellos Crimea representa una extensión natural de su territorio que como si fuera poco, cuenta con un importante suministro de gas y significa a su vez una salida al Mar Negro y una posición estratégica en Medio Oriente. Esto no ha sido detalle menor para la contraparte que había dejado ya muy en claro que la anexión de Crimea significaba una alteración en el equilibrio de poder europeo y un despropósito para Estados Unidos que posee declarados intereses en Medio Oriente.

Ante esta situación ambas potencias buscan reanudar el diálogo, y esto se ha puesto de manifiesto cuando el Secretario de Estado estadounidense viajó hasta la localidad de Sochi para reunirse con el presidente ruso Putin. Los temas más importantes de la agenda son los conflictos de Ucrania, Siria. Las posiciones que mantienen ambos ante el grupo terrorista de ISIS, Corea del Norte y el Plan nuclear iraní. Como también tratar los respectivos conflictos de Yemen y el Líbano.

Ambas potencias buscan entrelazar sus hilos, y encontrar un punto de encuentro. La cuestión tanto de Ucrania como Siria, son de primordial importancia para Rusia. Ucrania es considerada como una extensión natural de su territorio, como en Europa del este en dónde Rusia siempre ha gozado de influencia. Por otro lado, Siria es un aliado no solo económico sino un enclave estratégico para su política de acercamiento ideológico. Rusia es el mayor proveedor de armas a Siria, lo cual le genera ingresos millonarios. Además, con Siria como aliado, logra bloquear los esfuerzos estadounidenses en la región por no confiar en sus intensiones. En una doble lectura, es claro que no solo intenta, al defender y mantener el régimen del al-Asad en Siria, preservar su posición estratégica sino que también el mantener al régimen del al-Asad fuerte en Siria y evitar que el grupo terrorista ISIS gane terreno, ocasionando así que Estados Unidos genere más presión para lograr apoyo e incursionar en la región. Este escenario provoca también el temor existencial que tiene Putin por su propia sobrevivencia y la supervivencia de su sistema. Por otro lado, a Estados unidos le convendría una siria fragmentada ya que podría controlar sus reservas de petróleo y contaría con una excelente posición en Oriente. Respecto al plan nuclear iraní, Estados Unidos se encuentra en contra, a pesar de haber apoyado y donado un reactor en el pasado, sin embargo Rusia tiene tratados de colaboración en conjunto con China y Argentina para el programa atómico iraní como proveedores de tecnologías, con lo cual lo pone en un compromiso. Como ya mencione, Rusia no suele meterse en los asuntos de otros estados. Con lo que su postura contra la crisis de Irak es probable que niegue involucrarse y en cuanto a siria, el hecho de que continúe la contienda puede ser de beneficio económico para Rusia siempre y cuando pueda mantener a la raya al grupo terrorista. Entonces, sea cual fuere el camino que finalmente decidirán tomar, dicho encuentro, en medio de las tensas relaciones diplomáticas entre Moscú y Occidente, ha significado el intento de romper el hielo entre estos dos gigantes y la restauración de las vías diplomáticas. Un hecho no menor.

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 Información del autor

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JENNIFER PÉREZ OLIVERA– COLUMNISTA POLIBAR
COLUMNA: OPINIÓN
E-MAIL: Jennifer.perezolivera@gmail.com

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