Vida eterna a la guerra fría

Por: Andrés Mauricio Gil Sánchez

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La semana que pasó, trajo consigo el importante hecho de la reapertura de relaciones diplomáticas entre la dotrora Isla Juana, hoy Cuba y los Estados Unidos de Norte América, que si bien en términos prácticos y hechos concisos no representa nada en el corto plazo, al menos si cercena un vértice adicional del pesado telón que antecedió el show de la guerra fría, que dividió al mundo en general y a pueblos hermanos en particular, a partir de la demonización de posiciones ideológicas, rápidamente decantadas en económicas, sociales y militares.

El demonio del comunismo: Ciertamente no estoy a favor de la colectivización de bienes o capitales, pero aun así no logro concebir por que el temor y reticencia hacia todo aquello que sonase comunista, más allá del temor de los amigos del norte “pitiyanquis” en palabras del desaparecido Hugo Chávez, de perder su tradicional forma de vida vana y fatua medida por el consumo y adquisición de bienes, donde papá mercado todo lo controla y corrige, y donde gracias a ello una decena de hombres posee más riqueza que una decena de naciones.

Divide y reinaras: El lio, no lo armamos quienes sin ostentar ni la riqueza del este, ni la colectivización del oeste, entramos en el juego retorico, dialectico y armado, creando fronteras internas y rompiendo externas, para bailar al ritmo de los colosos de la bipolarización, evidentemente alimentados por políticos y empresarios, que se enriquecían al compas de la dicotomía, mientras que las masas se mataban entre si, por detener a uno u otro demonio, comunismo o capitalismo, el lio lo armaron ellos, ellos quienes lo la lucharon, desde Moscú y Washington.

Cuba, Corea y Colombia, las tres C: Los coletazos de dicha división aún se sienten en zonas particulares, particulares por su topografía y etnografía, proclives a la violencia y apasionamientos, donde la guerra y bandos solo mutan de nombre y excusa con el tiempo, con posiciones geoestratégicas privilegiadas, cabezas de continente o pasos entre potencias, en fin caldo de cultivo para articulaciones poderosas, motor de masacres fratricidas.

Las guerrillas Colombianas, ahora narcoterroristas sin lugar a duda, desvirtuadas y anacrónicas hace al menos dos décadas, millonarias, explotadoras, salvajes, a pesar de su justo origen, el que nos da el derecho a auto-defendernos de agresión externa o interna que socave nuestra vida, bienes u honra; y la lucha Nor-Coreana, anquilosada tras la sombra de líderes despóticos, que viven acaudalados, derrochantes en medio de su propio pueblo pobre, yerto y enajenado, por los mismos odios antes creados, que permiten que las masas vivan o mueran por ideas que no comprenden, pero que lograron crear en la conciencia colectiva, sentimientos de amor u dio en cada caso, que los separa de sus hermanos históricos, mas allá de tribus o familias, los Coreanos del sur..

Murió Pedro Marín “alias Tiro Fijo” y murió Kim Jong-il, se llevaron su revolución agraria y colectivismo nacionalista en cada caso, el marxismo, el leninismo, y demás ideas del pasado se fueron con ellos, pero quedo tras de sí, la estela de sangre y odios, porque si algo deja la guerra, son huérfanos, perdedores, sangre y revanchas abiertas, esperemos que el 2015, y desde la Habana, donde se decidió hablar de vuelta con los enemigos del norte, enemigos del Barbas “Fidel Castro” lugar donde la Guerrilla de las Farc-ep, charla sobre paz con el gobierno colombiano, se geste, la caída de la absurda lucha ideológica de este lado del mundo, la guerra más antigua de occidente, la guerra irregular más antigua del mundo y así, por presión social e histórica, caiga por fin, la bandera de la guerra ideológica bipolar, fría en palabras pero calientes en muertos, obvio para quienes los pusimos, que fuimos nosotros, no ellos, quienes la inventaron.

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Información del autor

Andres Gil

Andrés Mauricio Gil Sánchez – COLUMNISTA POLIBAR

Columna: Opinión – Análisis – Actualidad

e-mail: anmagisacafo@gmail.com


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