El poder del género

Por: Andrés F. Vargas Gärtner

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Como perros y gatos, de esta forma ha sido la guerra de género donde ambos buscan superioridad y/o igualdad a la hora de hablar de hombres y mujeres. Es bien sabido que durante años, la mujer no fue más que la ama de casa quién no tenía derecho más que a hacer los que haceres del hogar, criar los hijos y complacer a su esposo.

Luego de la revolución feminista, este género se dio cuenta del poder que tiene e inició con una lucha por su reconocimiento en la sociedad, protestas desnudas, trabajando en labores donde antes se veían sólo hombres y muchas más acciones tomaron estas feministas para hacerse notar y decir al mundo que son más que Soyla (soy la que lava, soy la que plancha, soy la que cocina, etc).

La mujer, aquel ser que con tan solo un gesto tiene el poder de mudar las perspectivas y decisiones del más fuerte de los hombres. Poderosas, iguales a una hoja de papel, si, una hoja de papel; tan débiles como para ser rasgadas a la mitad con tan solo la fuerza de los dedos, tan fuertes como para soportar enormes pesos sin sufrir grandes daños, tan finas como para cortar, tan inteligentes como para contener grandes obras literarias y tan hermosas como para representar las más bellas obras de Beethoven, Picasso o Miguel Angel.

Los movimientos feministas han generado importantes mudanzas en la sociedad, entre estas,  el empleo igualitario, el derecho de pedir el divorcio, el derecho de las mujeres de controlar sus propios cuerpos y decisiones médicas, entre muchas otras. Aún así, siendo la premisa del feminismo la búsqueda de la igualdad, el mismo término feminismo es un factor excluyente.

Si bien, hombres y mujeres JAMÁS serán iguales, el respeto ha de ser mutuo, el cuerpo de la mujer no está diseñado biológicamente para algunas cosas para las que sí está diseñado el del hombre. Algo de lo que no hay que olvidarse, es ciertamente el hecho de que la mujer es el ser que da la vida y no es más que por eso que deben ser respetadas por machistas, igualistas, o lo que sean.

La guerra idiota de los géneros no es más que una excusa del hombre para intentar verse fuerte y más grande, pero, es la misma mujer quien nos obliga a ser así, su notoria superioridad intelectual nos hace sacar la bestia que tenemos dentro, exponiendo nuestro lado salvaje y sacando esa fuerza bruta con la que jamás podremos superar la fuerza intelectual.

No quiero desmeritar la inteligencia de mi género, sería ilógico tratar de llamarme a mi mismo idiota, aunque sean ellas las que tienen el poder sobre nosotros, o que me diga el primer hombre que no se haya sentido idiotizado al ver una hermosa sonrisa de una dama, las curvas perfectas de sus cuerpos y sus potentes miradas que atraviesan el alma y son capaces de controlarnos como si tuviesen una varita mágica.

Caballeros, aprendamos a lidiar con estos seres, especímenes totalmente extraños a quienes aún pocos comprenden, seres con capacidades increíbles. Si del tratar a una dama se trata, enamorarla a diario con un “buenos días” o un “buenas noches” las hace ver radiantes todo el día y ayuda a prevenir las discusiones.

La única duda que tendría un lector masculino sería ¿Cuál es el punto débil de estos seres? la respuesta es sencilla, el amor, el buen trato y una que otra caricia que la tomen desprevenida pueden hacer que el hombre tome el control, pero no se confíen, cualquier paso en falso puede llevar un buen rato en una guerra campal. Recuerde ! ellas siempre tienen la razón.

Vivir una buena vida de comprensión y amor es la mejor salida a la guerra idiota entre hombres y mujeres, no necesariamente en el campo afectivo, también en el campo amistoso, laboral y social. El buen trato es la clave para lidiar con esta especie tan extraña y a la vez perfecta

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